jueves, 18 de noviembre de 2010

Maldita sea

“Ha vuelto a suceder, me he vuelto a equivocar. Dejé de prestar atención y perdí el control por completo. Prometí que no volvería a pasar pero ahí está, mirándome como si se burlara de mí.”

Entre sus manos sujeta una pequeña esfera, su mirada está fija en ella mientras la luz de mediodía llena la habitación y le arranca pequeños destellos y colores. En el interior hay un remolino de color, parece una burbuja grande, por lo menos lo suficiente para que tenga que cogerla con ambas manos, solo que un poco más resistente

Sabía lo que pasaría ahora o, más bien, lo que podía llegar a pasar…
Mientras no miraba un sueño había escapado, la verdad no sabía de dónde aunque daba igual. Podía haber salido de un suspiro, de una risa o de una mirada. El caso es que ya no estaba donde tendría que estar, ahora estaba en su mundo, amenazándolo. Por el momento era un sueño relativamente pequeño, apenas una efímera expresión de deseo. Pero eso podría cambiar, el sueño podría crecer, ganar fuerza y apoderarse de la realidad.

Los sueños son persistentes, nos persiguen y es difícil librarse de ellos, a veces incluso parece que están vivos. Un sueño puede empezar como algo insignificante, un pequeño recuerdo al despertar, la sensación de que hemos vivido algo. Sin embargo, pueden crecer y cambiarnos, alterarnos de mil formas distintas. Mientras el sueño siga dentro de nosotros no podrá crecer indefinidamente, nosotros seremos su origen y su límite. Tus sueños no pueden ser más grandes que tú, sencillamente porque tú mismo formas parte del sueño y eres todo el sueño. El problema viene cuando se te escapan de las manos, cuando abandonan el lugar que les pertenece y hacen de las suyas.

Eso es lo que había pasado esta vez, ahora había un sueño en la habitación. Puede que muriera ahí mismo, como tantos otros, sin llegar a ser nada más que un deseo que se pierde. Pero también puede que ese sueño empiece a crecer y dado que ya no forma parte de nadie no tendría ningún límite.

“Se acabó, ya no tengo el control…Si desaparece será como si nada hubiera pasado. Pero si crece, podría llegar a encerrarme, podría obligarme a vivir mi propio sueño…”

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