Porque un descanso es necesario, porque a veces necesitas un lugar donde huir, porque merece la pena perder el tiempo de vez en cuando y mucho más si es con alguien a quien quieres...
Y como no...porque queremos
- ¿Hasta que no puedas más?
+ Hasta que no pueda más - ¿No sería mejor hablar las cosas?
+ No. Cuando pasas de la magia de lo desconocido a ponerle nombre a lo que te pasa, el sentimiento se apacigua. Y eso está bien para la ansiedad, el miedo o el dolor... una vez identificas al enemigo es más fácil luchar contra él. Pero cuando se trata de querer... no debes intentar adelantarte a los hechos. Si yo le digo lo que siento y me dice que él se siente igual... entonces ¿qué? Parece como que toca avanzar. No sería un quiero avanzar, no sería un necesito recorrer el centímetro que nos separa... ya sería un "tenemos que" y me niego a que todo esto se reduzca a eso. - ¿Pero no tienes ganas de avanzar?
+ Claro que sí. Pero no de esa manera. Me gusta que se vayan acumulando poco a poco las ganas, que los escalofríos que recorren mi cuerpo ganen intensidad, que los acercamientos sean cada vez más naturales, que cada día haya más complicidad. Me gusta que todo siga su camino, no forzar un salto mortal. Quiero avanzar cuando sea inevitable, cuando la tensión magnética sea palpable... cuando no sea capaz de mantener la distancia que nos separa. - ¿Y entonces hablarás?
+ ... Entonces sobrarán las palabras.
Lo he explicado ya tantas
veces que no se si intento que lo entienda la gente o llegar a entenderlo yo.
Ni siquiera estoy seguro de
poder contestar de forma certera si alguien me pregunta como estoy. Quiero inclinarme
por pensar que estoy bien.
Sin embargo, hay momentos en
los que estoy bien y mi mente decide dar una vuelta por el camino del odio,
visitar a los viejos temores y sacarlos a dar un paseo. Es entonces cuando dejo
de ser yo, para convertirme en un ser hiriente y dispuesto a desgarrar con sus
dientes la primera yugular que se ponga a tiro, sin tener en cuenta de quién
es.
En esos momentos mi mente
trabaja a mil por hora, recordando, imaginando y creando. Concentro en una
frase todo mi odio, inseguridad y mi miedo de forma que no hablo, lanzo balas
al azar, solo para ver si algo cambia por ver si de verdad mi comportamiento le
importa a alguien.
Y esto me pasa mucho
últimamente, me pasa con algunas personas y luego me arrepiento por completo,
porque no es más que mi culpa. A ratos me dedico a sentir de una forma en la
que en teoría no debería sentir. Aquí nadie me ha engañado, al menos eso quiero
creer. Y por mucho que me hayan dicho que debería estar furioso, por mucho que
debería desconfiar (y se que en otros casos es lo que habría ocurrido) esta vez
no puedo. Y no es porque no sea capaz de odiar, esa capacidad la he
perfeccionado durante años, es porque no quiero odiar.
Se que no soy, ni he sido,
ni seré lo más importante en esta historia. He sabido desde el principio que
estaba un poco a la sombra de otras cosas y quizás por saberlo determinadas
acciones me han hecho reaccionar de una forma muy distinta a la que esperaba la
gente.
No se que imagen daré y a
estas alturas me da un poco igual, o un mucho. No soy tan inocente como para no
darme cuenta de cómo ha sido todo y obviamente hay cosas que me dan pena
(rabia) como no tener un recuerdo claro que me diga, mira, ahí tienes algo
bonito, algo que te haga pensar que de verdad importaba (funcionaba) y que
recuerdes con un cariño especial.
Y aún con todo, creo que
prefiero estar como estoy a otras opciones. Si estoy cerca de quien estoy es
porque hace que mi día a día sea un poco mejor. Y que aunque enseñe los dientes muchas veces una frase cualquier vuelve a convertirme en ese peluche que dicen que una vez fui...
No digo que yo me haya
comportado perfectamente, solo digo que me hubiera gustado que todo fuera
diferente.
Dispuesto a seguir como si las cosas me dieran igual.
Plantarme once pulseras en los brazos
Y tirar del mundo
Que nunca quiere tirar de mí.
domingo, 12 de febrero de 2012
Esto es del libro Mr. Vértigo, de Paul Auster. ¿Cómo definir a este escritor? Es complicado, pero siempre que lo lees notas una emoción en estómago...y no siempre placentera.
"En el fondo, no creo que haga falta ningún talento especial para que una persona se eleve del suelo y permanezca suspendida en el aire [...] Tienes que aprender a dejar de ser tú mismo. Ahí es donde empieza, y todo lo demás viene de ahí. Debes dejarte evaporar. Dejar que tus músculos se relajen, respirar hasta que sientes que tu alma sale de ti, y luego cerrar los ojos. Así es como se hace. El vacío dentro de tu cuerpo se vuelve más ligero que el aire que te rodea. Poco a poco, empiezas a pesar menos que nada. Cierras, los ojos, extiendes los brazos; te dejas evaporar. Y luego, poco a poco, te elevas del suelo.
Así."
Por todas esas veces donde solo querríamos ser livianos e incorpóreos, y flotar indiferentes del mundo.