jueves, 26 de julio de 2012

...

- ¿Hasta que no puedas más? 
+ Hasta que no pueda más
- ¿No sería mejor hablar las cosas? 
+ No. Cuando pasas de la magia de lo desconocido a ponerle nombre a lo que te pasa, el sentimiento se apacigua. Y eso está bien para la ansiedad, el miedo o el dolor... una vez identificas al enemigo es más fácil luchar contra él. Pero cuando se trata de querer... no debes intentar adelantarte a los hechos. Si yo le digo lo que siento y me dice que él se siente igual... entonces ¿qué? Parece como que toca avanzar. No sería un quiero avanzar, no sería un necesito recorrer el centímetro que nos separa... ya sería un "tenemos que" y me niego a que todo esto se reduzca a eso.
- ¿Pero no tienes ganas de avanzar? 
+ Claro que sí. Pero no de esa manera. Me gusta que se vayan acumulando poco a poco las ganas, que los escalofríos que recorren mi cuerpo ganen intensidad, que los acercamientos sean cada vez más naturales, que cada día haya más complicidad. Me gusta que todo siga su camino, no forzar un salto mortal. Quiero avanzar cuando sea inevitable, cuando la tensión magnética sea palpable...  cuando no sea capaz de mantener la distancia que nos separa.
- ¿Y entonces hablarás? 
+ ... Entonces sobrarán las palabras.

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