Y cerró el libro de golpe. ¿ Cómo iba a ser de otra forma si no quería quedarse atrapado dentro? Levantó los ojos y todo lo que vio estaba fuera de lugar, las paredes sobraban, recordaba estar en la calle. La hora no era real, había tenido una cita a las 7, no, no podían ser las 3 de la tarde. Poco a poco fue recordando, su vita se aclaró a medida que sus problemas desaparecían, siendo sustituidos poco a poco. Entonces, recordó, si es que alguna vez lo había olvidado, quien era. Y, por fin, su memoria separó ambas partes de su vida.
Recordaba haber estado bajando las calles de Nueva York, siguiendo a algún extraño sujeto, recordaba haberse enfrentado a un misterio y haber utilizado su ingenio para resolverlo, recordaba recibir puñetazos, sufrir desdichas, pero estas nunca le llegaban a afectar demasiado, porque era fuerte de carácter. Recordaba la emoción del miedo, el miedo a la muerte palpándole, la angustia de estar ante un todo o nada en un casino. Y ahora nada le parecía real. En ese momento deseó tanto ser como antes, tener la capacidad de superar sus problemas, escasos comparados con los que había tenido, la voluntad de cambiar su vida. Pero todo había acabado.
Ahora, más que atrapado en el libro, estaba atrapado en su vida.
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