Resulta que tanto como observar, me gusta empatizar con la gente. No puedo evitar la sensación de que soy como ese niño. Mi agua se la ha tragado la arena.
Porque un descanso es necesario, porque a veces necesitas un lugar donde huir, porque merece la pena perder el tiempo de vez en cuando y mucho más si es con alguien a quien quieres... Y como no...porque queremos
sábado, 27 de agosto de 2011
Agua.
Me gusta observar a la gente. A desconocidos, cuando son totalmente ajenos a mi presencia y a que les estoy prestando la más mínima atención. Una estampa muy típica de verano es el niño en la playa con el cubo, cogiendo agua del mar para llenar una pequeña piscina de arena que ha improvisado. El primer viaje lo hace con calma, divertido, con ilusión de haber terminado de construir su piscina y poder por fin llenarla. Pero cuando derrama ese primer cubo y ve cómo el arena absorbe todo el agua, no puede menos que sorprenderse. Coge otro cubo y obtiene la misma solución. Un poco más deprisa y ¡anda! ahora sí que hay un poco de agua. Corre, a ver si cuando eche el próximo cubo se empieza a llenar. Un viaje tras otro ve que por mucho que se esfuerce, por mucho que corra, aunque llene el cubo hasta arriba, la piscina no se llena. Ya está cansado. Ya no quiere jugar con la piscina.
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