Mostrando entradas con la etiqueta 2am. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2am. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de julio de 2012

...

- ¿Hasta que no puedas más? 
+ Hasta que no pueda más
- ¿No sería mejor hablar las cosas? 
+ No. Cuando pasas de la magia de lo desconocido a ponerle nombre a lo que te pasa, el sentimiento se apacigua. Y eso está bien para la ansiedad, el miedo o el dolor... una vez identificas al enemigo es más fácil luchar contra él. Pero cuando se trata de querer... no debes intentar adelantarte a los hechos. Si yo le digo lo que siento y me dice que él se siente igual... entonces ¿qué? Parece como que toca avanzar. No sería un quiero avanzar, no sería un necesito recorrer el centímetro que nos separa... ya sería un "tenemos que" y me niego a que todo esto se reduzca a eso.
- ¿Pero no tienes ganas de avanzar? 
+ Claro que sí. Pero no de esa manera. Me gusta que se vayan acumulando poco a poco las ganas, que los escalofríos que recorren mi cuerpo ganen intensidad, que los acercamientos sean cada vez más naturales, que cada día haya más complicidad. Me gusta que todo siga su camino, no forzar un salto mortal. Quiero avanzar cuando sea inevitable, cuando la tensión magnética sea palpable...  cuando no sea capaz de mantener la distancia que nos separa.
- ¿Y entonces hablarás? 
+ ... Entonces sobrarán las palabras.

viernes, 20 de enero de 2012

Historia de una lágrima.


Fragilidad escondida
Barrera autoimpuesta
Frágil barrera

Cadencias.
Y carencias.

Palabras
O flechas.

En cualquier caso,
directas.

Atraviesan, acaparan,
entran para quedarse, 
se instalan.

En ese hueco especial
Entre el pasado,
Con las demás.

sábado, 27 de agosto de 2011

Agua.

Me gusta observar a la gente. A desconocidos, cuando son totalmente ajenos a mi presencia y a que les estoy prestando la más mínima atención. Una estampa muy típica de verano es el niño en la playa con el cubo, cogiendo agua del mar para llenar una pequeña piscina de arena que ha improvisado. El primer viaje lo hace con calma, divertido, con ilusión de haber terminado de construir su piscina y poder por fin llenarla. Pero cuando derrama ese primer cubo y ve cómo el arena absorbe todo el agua, no puede menos que sorprenderse. Coge otro cubo y obtiene la misma solución. Un poco más deprisa y ¡anda! ahora sí que hay un poco de agua. Corre, a ver si cuando eche el próximo cubo se empieza a llenar. Un viaje tras otro ve que por mucho que se esfuerce, por mucho que corra, aunque llene el cubo hasta arriba, la piscina no se llena. Ya está cansado. Ya no quiere jugar con la piscina.

Resulta que tanto como observar, me gusta empatizar con la gente. No puedo evitar la sensación de que soy como ese niño. Mi agua se la ha tragado la arena.